DICCIONARIO FILOSÓFICO DE TIJUANA

Sin lugar a dudas, el deporte intelectual predilecto de esta peculiar ciudad es la tijuanología (o las tijuanologías, para ser preciso). Es difícil no hablar de una ciudad tan estimulante. De alguna manera hay que acomodarla en la cabeza. Se repite por todos lados. Tijuana vende Tijuana. La ciudad se ha convertido en su propia marca, y su representación es negocio, profesión, obsesión, hobby y debate. 

“Pensar es para perdedores”, dice Bart Simpson, y Tijuana es una ciudad obsesionada con el trabajo. Incluso sus mejores escritores y artistas producen con una velocidad tan vertiginosa como la ciudad. Aquí, todo el mundo anda de prisas, con uno o dos o tres trabajos. Hasta los criminales se lucen en términos de rendimiento. Aquí, la gente viene a ganar, no a perder, aunque Tijuana es tan cruel como seductora, y muchos pierden y se pierden. Aquí, pensar es un lujo, y también una necesidad. 

El Diccionario Filosófico de Tijuana se produce en el 2010, justo cuando la ciudad iba saliendo (y que conste que todavía no sale) de un recrudecimiento de la violencia que ha inundado todo el país y que aquí tuvo su momento más extremo entre el 2006 y el 2008. Escuchábamos balaceras desde la universidad y no había día en el que alguna noticia no nos hiciera pensar si seguir en la ciudad era una buena idea. 

Sin embargo, no había cosa que me molestara más que las personas que decían “hay que mejorar la imagen de Tijuana”. Me sigue pareciendo irresponsable e ingenuo. No hay que mejorar la imagen de Tijuana. Hay que mejorar Tijuana. Y para hacerlo, hay que verla, hay que caminarla. Si en algún punto coinciden los textos y las imágenes del Diccionario es en la calidad paradójica de la ciudad: las contradicciones aparecen en carne viva. Hay varias evidentes, como la que forman EEUU y México, la riqueza y la pobreza, o, como dice el maestro Víctor Soto, Tijuana innovadora contra Tijuana inhaladora. Son tantas y tan apremiantes las paradojas que copulan y se entrepiernan en la ciudad que es difícil tomar posiciones binarias. Por esa razón, este es un ejercicio multivocal, de construcción grupal. 

También, creo yo, es un ejercicio de amor. De esos amores que duelen y que a veces no conducen a nada bueno. Me impresiona la pasión y el entusiasmo con el que Tijuana es comentada y fotografiada. Aunque la ciudad parece indolente y casi ajena a cualquier movimiento social que no sea el shopping, a muchos les es difícil ser indiferentes ante ella. Provoca romances extraños. Hace sentirse raro. Hace pensar raro. 

El Diccionario Filosófico de Tijuana es engañoso. Es trans-disciplinario. Tiene más imágenes que palabras. Ni siquiera lleva un orden alfabético. Ensucia la filosofía. Las ideas se generaron colectivamente, y van más allá de las intenciones de los autores individuales. Está radicalmente incompleto. No define; desvía.

Tijuana hace pensar. Con los ojos, con letras, con palabras, con cámaras fotográficas y de cine, con las manos, con los pies.

Próximamente, se publicará un interactivo descargable con todas las imágenes del Diccionario y varios ensayos.